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El terremoto que sacudió el occidente colombiano reabrió una pregunta tras la tragedia venezolana: ¿están relacionados ambos fenómenos? Aunque comparten un complejo escenario tectónico regional, los datos disponibles apuntan a rupturas diferentes y no demuestran que un evento haya provocado el otro.

El terremoto de magnitud 7,4 registrado este lunes 10 de agosto en Colombia tuvo su epicentro cerca de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, a una profundidad aproximada de 107 kilómetros. Hasta el último balance oficial, el movimiento había dejado al menos 111 personas fallecidas, 87 heridas y cientos de edificaciones afectadas, especialmente en el occidente y el Eje Cafetero. El director del Servicio Geológico Colombiano, Julio Fierro Morales, lo calificó como “el sismo más fuerte que se ha sentido en los últimos 10 años en Colombia”.

El terremoto se produjo menos de siete semanas después del doble movimiento que devastó el norte de Venezuela el 24 de junio. Aquella secuencia estuvo compuesta por dos grandes rupturas, de magnitudes aproximadas de 7,3 y 7,4, ocurridas con apenas 39 segundos de diferencia cerca de Maracay y Caracas.

La cercanía temporal y geográfica entre ambas tragedias ha generado una pregunta inevitable: ¿el terremoto venezolano pudo haber provocado el colombiano?

Comparten una región activa, pero no la misma falla

La respuesta científica exige distinguir entre una relación tectónica regional y una conexión causal directa. Colombia y Venezuela forman parte de una extensa zona de deformación situada en el extremo norte de Sudamérica, donde interactúan las placas Nazca, Caribe y Sudamericana, además de varios bloques tectónicos menores.

El geofísico John Makario Londoño, director técnico de Geoamenazas del Servicio Geológico Colombiano, ha explicado que “Colombia está en una zona sísmicamente muy activa” y que en el país se registran mensualmente alrededor de 2.500 movimientos de baja magnitud.

Sin embargo, los terremotos de Colombia y Venezuela parecen responder a mecanismos diferentes.

El movimiento colombiano se originó a más de 100 kilómetros de profundidad y, de acuerdo con la información técnica preliminar, estaría vinculado con la subducción de la placa de Nazca bajo Sudamérica. En este proceso, una placa oceánica se introduce lentamente debajo del continente y acumula tensiones capaces de producir terremotos profundos y de gran magnitud.

La secuencia venezolana, en cambio, ocurrió a unos 10 kilómetros de profundidad sobre el límite entre las placas del Caribe y Sudamericana. Allí predomina un desplazamiento horizontal a través de sistemas como las fallas de Boconó, San Sebastián y El Pilar.

El Centro Alemán de Investigación en Geociencias (GFZ) determinó que los dos movimientos venezolanos formaron parte de una ruptura prácticamente continua. Según sus especialistas, el primer sismo modificó las tensiones de los segmentos vecinos y facilitó la segunda ruptura, ubicada aproximadamente 160 kilómetros más al este.

Ese vínculo está científicamente sustentado dentro de la propia secuencia venezolana. No existe hasta ahora una evidencia equivalente que conecte directamente esa ruptura con el terremoto ocurrido semanas después en el Chocó colombiano.

¿Puede un terremoto activar otro a distancia?

El fenómeno es posible, pero no automático. El Servicio Geológico de Estados Unidos explica que un terremoto de gran magnitud puede alterar temporalmente otras fallas mediante la transferencia de esfuerzos producida por el paso de sus ondas sísmicas. Este proceso se conoce como activación dinámica.

Para que ocurra, la segunda falla debe encontrarse previamente sometida a una tensión cercana a su punto de ruptura. En ese caso, las ondas de un gran terremoto podrían actuar como el último impulso. Sin embargo, la coincidencia temporal por sí sola no permite demostrar una relación.

El geólogo venezolano Franck Audemard, profesor de la Universidad Central de Venezuela y especialista en tectónica activa, advirtió después del doble terremoto que sus réplicas podrían prolongarse “entre tres y seis meses”. Esa actividad posterior debe concentrarse principalmente alrededor de las fallas que participaron en la ruptura venezolana.

El terremoto colombiano ocurrió cerca de mil kilómetros al suroeste, a una profundidad mucho mayor y dentro de otro sistema tectónico. Para establecer una relación causal sería necesario analizar los mecanismos focales, la propagación de las ondas, los cambios de tensión y el comportamiento sísmico registrado entre ambas zonas.

Por ahora, ningún organismo científico ha confirmado que Venezuela haya activado el terremoto de Colombia.

Una conexión geológica, no necesariamente causal

Los dos eventos sí tienen una relación en una escala más amplia: ambos son manifestaciones del complejo movimiento de las placas que rodean el norte de Sudamérica. La placa de Nazca empuja y se hunde desde el Pacífico, mientras la placa del Caribe se desplaza lateralmente respecto de Sudamérica.

Esa interacción no se concentra en una sola línea. Se distribuye entre fallas, bloques continentales y zonas de subducción que atraviesan Colombia, Venezuela, Ecuador y el Caribe.

Por eso, dos terremotos cercanos en el calendario pueden pertenecer al mismo contexto geodinámico sin integrar una misma secuencia. Compartir un escenario tectónico no significa que un sismo sea consecuencia del otro.

También existe una diferencia importante en la profundidad. El terremoto venezolano fue superficial, condición que suele producir sacudidas intensas y daños graves cerca del epicentro. El colombiano se originó a más de 100 kilómetros, lo que permitió que sus ondas se propagaran por un territorio extenso, aunque con una parte de su energía atenuada antes de alcanzar la superficie.

El verdadero vínculo: la vulnerabilidad regional

Más allá de una conexión directa entre ambos terremotos, las tragedias exponen una preocupación compartida: la vulnerabilidad de las ciudades frente a movimientos de gran magnitud.

Los terremotos no causan por sí solos la mayoría de las muertes. El mayor peligro se encuentra en el colapso de edificaciones, las construcciones informales, el incumplimiento de las normas sismorresistentes y la ausencia de planes de evacuación.

La ingeniera y especialista en gestión del riesgo Gina Villalobos ha advertido que las sociedades suelen tomar decisiones desde una memoria demasiado breve frente a fenómenos cuyos ciclos pueden abarcar varias generaciones. En sus palabras, “nuestra memoria temporal es cortoplacista y miope”.

La coincidencia de dos terremotos destructivos en Colombia y Venezuela en menos de dos meses no demuestra una cadena sísmica entre ambos países. Sí confirma que el norte de Sudamérica atraviesa una zona tectónicamente activa donde la preparación, la construcción segura y la educación preventiva resultan fundamentales.

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