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El eclipse total que oscureció España durante casi dos minutos reactivó antiguas creencias sobre presagios, transformaciones y cambios energéticos. La ciencia confirma alteraciones físicas en la atmósfera y el comportamiento animal, mientras las culturas ofrecen distintas interpretaciones sobre un fenómeno que República Dominicana podrá experimentar en su totalidad en 2045.

El eclipse total de Sol del 12 de agosto de 2026 congregó a millones de personas en España y convirtió el atardecer en una oscuridad repentina. Durante la totalidad descendió la temperatura, algunos animales modificaron su comportamiento y apareció la corona solar, normalmente oculta por el intenso brillo del Sol. En los puntos de observación hubo aplausos, gritos, llanto y largos silencios ante un fenómeno que no se veía de esa manera en la península española desde hacía más de un siglo.

Horas antes, Miguel Bosé había publicado una advertencia que rápidamente se viralizó: “Ni se os ocurra mirar el eclipse. Mal rollo. Malas consecuencias”. El mensaje fue relacionado con diferentes creencias populares que consideran los eclipses momentos de transformación, peligro o renovación. También recordó el riesgo concreto de observar directamente el Sol sin gafas certificadas, una práctica que puede causar daños permanentes en la retina.

La idea de no mirar un eclipse tiene antecedentes culturales antiguos. En distintas sociedades, la desaparición del Sol fue interpretada como una ruptura del orden natural o como la acción de una criatura que intentaba devorarlo. Algunas comunidades tocaban tambores y producían fuertes ruidos para recuperar la luz. Entre ciertos pueblos navajo, en cambio, el eclipse continúa siendo un momento de silencio y reflexión. “Es un tiempo sagrado en el que nos sentamos y reflexionamos”, ha explicado Sherene Goatson Ing, integrante de la Nación Navajo.

Desde la física, durante un eclipse sí ocurren cambios energéticos medibles. La Luna bloquea temporalmente parte de la radiación solar, disminuyen la luz y la temperatura y se modifica durante algunos minutos la ionosfera, una capa de la atmósfera relacionada con las comunicaciones, las señales de radio y los sistemas de navegación. La NASA aprovecha estos fenómenos para estudiar la corona solar y observar cómo responde la atmósfera cuando la energía del Sol desaparece y regresa rápidamente.

Algunas aves retornan a sus refugios y ciertos insectos nocturnos comienzan a emitir sonidos porque sus relojes biológicos interpretan la oscuridad como la llegada de la noche. Sobre esa transformación visible han surgido creencias acerca de reinicios energéticos, cierre de ciclos o alteraciones de la conciencia. La ciencia ha comprobado los cambios en la atmósfera, la temperatura y el comportamiento animal, pero no ha encontrado efectos sobre el destino de las personas ni vínculos con terremotos o catástrofes.

En República Dominicana, el próximo fenómeno será un eclipse parcial de Luna el 28 de agosto de 2026. El 26 de enero de 2028 podrá observarse parcialmente un eclipse solar anular, y en junio y diciembre de 2029 serán visibles eclipses totales de Luna. Para vivir una experiencia comparable con la de España habrá que esperar hasta el 12 de agosto de 2045, cuando un eclipse total de Sol atravesará parte del territorio dominicano. Santo Domingo, Santiago y Puerto Plata estarán dentro o cerca de la franja de totalidad, mientras Punta Cana observaría una ocultación parcial muy profunda. En algunas zonas del país, la desaparición completa del Sol podría extenderse durante cerca de cinco minutos.

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