Aunque suele asociarse con cielos opacos, calor y molestias respiratorias, el polvo del Sahara también cumple una función ecológica esencial. Cada año, grandes masas de aire levantan partículas minerales del norte de África y las transportan miles de kilómetros sobre el Atlántico.
En República Dominicana, el fenómeno se presenta principalmente entre junio y julio, según la directora del Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet), Gloria Ceballos. La llamada Capa de Aire Sahariano se forma desde finales de la primavera hasta comienzos del otoño y puede desplazarse sobre el océano cada tres a cinco días, explica la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA).
El viaje es de proporciones extraordinarias. Mediciones del satélite CALIPSO permitieron estimar que unos 182 millones de toneladas de polvo salen de África anualmente y que alrededor de 27.7 millones de toneladas llegan a depositarse en la cuenca amazónica. Otros 43 millones de toneladas avanzan hasta el mar Caribe, de acuerdo con la NASA.
Las partículas pueden mantenerse suspendidas a alturas de entre 1,500 y 6,000 metros, impulsadas por los vientos alisios hasta República Dominicana y otros territorios caribeños.
El beneficio clave está escondido en su composición: el polvo contiene fósforo, hierro y otros minerales que funcionan como fertilizantes naturales. La NASA calcula que cada año llegan a la Amazonía aproximadamente 22,000 toneladas de fósforo, una cantidad semejante a la que esos suelos pierden debido a las lluvias, las inundaciones y la escorrentía. “Es un mundo pequeño y todos estamos conectados”, resumió Hongbin Yu, científico atmosférico de la Universidad de Maryland y autor principal de la investigación. Ese aporte no es la única causa de la vegetación exuberante, pero ayuda a sostener la productividad del bosque amazónico, cuyos suelos son sorprendentemente pobres en fósforo.
En el Caribe, las partículas también depositan nutrientes sobre suelos y aguas, aunque no debe afirmarse que por sí solas producen la exuberancia de la vegetación dominicana: el clima tropical, las precipitaciones, la diversidad del relieve y las características de los suelos son factores determinantes. El polvo, además, tiene una doble cara. Su aire seco puede limitar la formación de nubes y dificultar temporalmente el desarrollo de ciclones, pero las partículas finas reducen la calidad del aire y pueden agravar alergias, asma y otras afecciones respiratorias.
El Indomet recomienda que las personas vulnerables eviten exposiciones prolongadas durante los episodios de mayor concentración.
El fenómeno deja así una de las conexiones más asombrosas del planeta: un antiguo desierto africano contribuye a alimentar bosques situados al otro lado del océano. Para los dominicanos, su llegada significa días más calurosos, cielos grisáceos y la necesidad de adoptar precauciones; para grandes ecosistemas tropicales, representa una lluvia invisible de minerales. Lo que parece solamente una nube incómoda es también un gigantesco puente natural de nutrientes entre África, el Caribe y América del Sur.

