Tres movimientos registrados el domingo 27 de septiembre volvieron a poner la atención en la exposición sísmica de República Dominicana. Las mediciones iniciales del más fuerte oscilaron entre magnitud 4.8 y 5.6. No hubo reportes de daños significativos, pero los especialistas insisten en revisar edificaciones, rutas de evacuación y protocolos de alerta.
Tres sismos en una misma jornada hicieron que muchos dominicanos miraran otra vez hacia las fallas geológicas que atraviesan y rodean la isla. El más fuerte ocurrió a las 5:49 p. m. en la región este y se sintió en Santo Domingo, donde algunas personas salieron de edificios y centros comerciales. El Centro de Operaciones de Emergencias (COE) no reportó daños significativos en su evaluación preliminar. La secuencia no permite pronosticar un gran terremoto, pero sí recuerda la necesidad de preparar edificaciones, instituciones y hogares antes de una emergencia.
Qué ocurrió este domingo
Las primeras mediciones del sismo de la tarde difirieron. El Centro Nacional de Sismología de la UASD, citado por el COE, lo ubicó en magnitud 5.6, a unos 108 kilómetros de profundidad y cerca de Albizu, en El Seibo. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) ajustó su estimación inicial de 5.2 a 4.8, con epicentro al oeste de Guaymate y una profundidad cercana a 107 kilómetros. El Centro Sismológico Euromediterráneo (EMSC) ofreció una cifra preliminar de 5.5.
Las diferencias entre agencias pueden cambiar cuando incorporan nuevas lecturas. La profundidad ayuda a entender por qué el temblor se sintió en una zona extensa sin que se informaran daños importantes: un sismo profundo puede percibirse lejos del epicentro, aunque sus efectos en superficie sean menores. El COE activó sus evaluaciones y advirtió que los datos seguían sujetos a revisión.
Más temprano, a las 6:07 a. m., el Centro Nacional de Sismología registró un movimiento de magnitud 4.3 próximo a San Antonio de Guerra, en la provincia Santo Domingo. El USGS lo estimó en 4.2. También se reportó preliminarmente otro sismo de magnitud 4.1 en San Juan, según datos del EMSC recogidos por la prensa; ese registro no figuraba en el catálogo del USGS consultado al cierre de la nota. No se reportaron heridos ni daños significativos por los tres eventos.
Un video difundido en redes sociales mostró a personas reunidas en los pasillos del centro comercial Sambil, algunas con niños en brazos. La reacción permite medir el impacto social de un movimiento que, hasta el cierre de las evaluaciones iniciales, no había causado consecuencias graves. También pone en evidencia la importancia de contar con indicaciones sencillas para quienes se encuentran en espacios públicos.
En junio, otro sismo cercano a magnitud 5, localizado al sureste de La Romana, había provocado evacuaciones preventivas en Santo Domingo, Higüey, La Romana y Punta Cana. La Alcaldía de Verón Punta Cana informó entonces que no detectó daños.
El riesgo de un evento mayor

La ciencia no puede predecir la fecha de un terremoto, pero sí identificar las zonas expuestas y las estructuras vulnerables. República Dominicana se encuentra en el límite de las placas del Caribe y de Norteamérica. Entre las fuentes de riesgo figuran la falla Septentrional, en el norte; el sistema Enriquillo–Plantain Garden, en el sur; la trinchera de La Española y la fosa de los Muertos, en el mar.
La ingeniera sísmica Claudia Germoso señaló en un panel que la estimación de recurrencia considerada para la falla Septentrional ronda los 50 años y que han pasado casi 80 desde el terremoto de 1946. Es una advertencia sobre acumulación de riesgo, no un calendario que permita anunciar el próximo sismo. El geólogo Osiris de León ha puesto el foco en los sistemas de fallas del norte y el sur de la isla y en la necesidad de reforzar edificaciones. El ingeniero Norberto Rojas también ha advertido sobre la posibilidad de un evento superior a magnitud siete.
La acumulación de energía en las fallas geológicas es un proceso de largo plazo. Hablar de un ciclo estimado superado expresa preocupación por la exposición del territorio, pero no significa que un terremoto sea inminente ni que los temblores de este domingo sean precursores. La prioridad, insisten los especialistas, es reducir la vulnerabilidad de las personas y los inmuebles.
Los expertos no coinciden en cuál estructura representa el mayor peligro inmediato. De León ha señalado que algunos terremotos históricos atribuidos a la región norte se asocian a la Hispaniola Norte. Esa discusión técnica no cambia la conclusión práctica: la preparación debe hacerse antes del próximo evento, cuya fecha se desconoce. Tampoco existe evidencia de que temblores recientes en otros países anuncien uno en República Dominicana.
Una historia de daños sísmicos
El registro histórico muestra por qué el riesgo no es una hipótesis abstracta. Una guía del COE enumera el terremoto que destruyó Santiago y La Vega en 1562, otro que afectó gravemente Santo Domingo en 1673 y eventos con daños en 1842, 1897 y 1918. En este último año, un sismo en el Canal de la Mona afectó provincias del este.

El terremoto del 4 de agosto de 1946, estimado alrededor de magnitud 7.8, generó un tsunami y dejó más de mil fallecidos, según los antecedentes citados en el reportaje. Hubo daños en varias provincias y numerosas réplicas posteriores. En 2003, otro sismo de magnitud cercana a 6.5 dejó fallecidos y afectó viviendas y comercios. La experiencia recuerda que la magnitud es solo una parte del impacto: también importan la ubicación, el suelo y la calidad de las construcciones.
Edificaciones, suelo y turismo
Para De León, la vulnerabilidad depende tanto del terreno como de la resistencia de los edificios. Ha mencionado los suelos blandos del valle del Cibao, el bajo Yuna y otras áreas del norte y de Santo Domingo entre los lugares que merecen atención. También advierte sobre la construcción informal y las obras que cumplen requisitos generales sin estudiar adecuadamente el comportamiento del suelo.
Punta Cana no está exenta de riesgo. Muchos temblores percibidos en el este tienen focos profundos y no causan daños, pero La Altagracia también está expuesta a fuentes sísmicas submarinas al este y nordeste de La Española. La concentración de hoteles y visitantes agrega un desafío: muchas personas desconocen las rutas de evacuación y los puntos de encuentro.
El reglamento sísmico R-001 y las normas de construcción citadas en el reportaje ofrecen un marco técnico, pero su efecto depende del diseño, la supervisión y el estado de cada edificio. En un destino turístico, la información preventiva también debe poder entenderse en distintos idiomas y estar disponible tanto para trabajadores como para huéspedes.
Las estrellas de un hotel no certifican su seguridad antisísmica. Un huésped puede consultar si el establecimiento cuenta con las autorizaciones e inspecciones correspondientes, un plan de evacuación, personal entrenado y rutas hacia terreno elevado ante una alerta de tsunami. Las autoridades y los operadores turísticos tienen la tarea de convertir esos planes en información clara y simulacros útiles.
Alertas y tareas pendientes
El COE informó que sus evaluaciones del domingo eran preliminares. La ausencia de una alerta en los teléfonos generó preguntas entre usuarios. Según la explicación recogida de las autoridades, el sistema de avisos móviles aún está en implementación y su activación responde a protocolos específicos; un simulacro anterior permitió probarlo con una prestadora e identificar mejoras.
El simulacro y una emergencia real presentan condiciones distintas. Un aviso útil debe indicar con claridad qué ocurre y qué acción corresponde, mientras la coordinación entre instituciones, empresas y prestadoras de telecomunicaciones debe funcionar bajo presión. Por eso, la etapa de implementación del sistema de alertas merece seguimiento público y pruebas periódicas.
El país realizó el 8 de septiembre un Simulacro Nacional con más de 3,2 millones de participantes, de acuerdo con el balance citado en el texto original. El ejercicio muestra capacidad de convocatoria, pero los especialistas piden avanzar además en la evaluación de hospitales, escuelas, hoteles y puentes, y disponer de equipos de rescate en las zonas más expuestas. Un edificio preparado debería proteger vidas y, cuando sea posible, seguir funcionando tras el evento.
Qué hacer antes, durante y después
Antes: conocer las condiciones de la vivienda o del lugar de trabajo, acordar un punto de encuentro, preparar suministros básicos y ubicar las salidas. En la costa, identificar de antemano cómo llegar a terreno elevado.
Durante: agacharse, proteger la cabeza y el cuello y sujetarse de un mueble firme; alejarse de vidrios y objetos que puedan caer. No usar ascensores ni correr hacia una salida sin evaluar el entorno.
Después: prever réplicas, revisar posibles fugas y atender los avisos oficiales. Si se está en la costa y el sismo fue fuerte o prolongado, las guías de protección civil recomiendan dirigirse a una zona alta sin esperar una alerta de tsunami.
Los tres movimientos del domingo no dejaron, según los reportes iniciales, daños significativos. El próximo terremoto importante no tiene fecha conocida. La decisión que sí puede tomarse hoy es mejorar la resistencia de las construcciones, los protocolos de alerta y la preparación de residentes y visitantes.

