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La tragedia de Urda, con al menos 68 fallecidos, se suma al accidente de Adamuz ocurrido en enero y revive el recuerdo de Angrois. Las investigaciones y la prevención vuelven al centro de la discusión pública.

España vuelve a enfrentarse a una tragedia ferroviaria que conecta el presente con algunos de los episodios más dolorosos de su historia reciente. El choque entre un AVE de Renfe y un tren de Iryo este miércoles 28 de octubre en Urda, Toledo, dejó al menos 68 muertos y abrió nuevamente la discusión sobre los sistemas de seguridad y las responsabilidades en la prevención de accidentes. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se comprometió a esclarecer las causas y reforzar la protección del transporte ferroviario.

El siniestro se produce apenas nueve meses después del accidente de Adamuz, Córdoba, donde el 18 de enero un tren de Iryo descarriló e invadió la vía por la que circulaba un Alvia. La colisión dejó 46 fallecidos y 152 heridos. La Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios continúa investigando aquella tragedia, que ahora vuelve a formar parte del debate tras lo ocurrido en Toledo.

Angrois, una herida que sigue presente

El antecedente más grave del siglo XXI sigue siendo el descarrilamiento de Angrois, ocurrido el 24 de julio de 2013, cerca de Santiago de Compostela. Un Alvia que cubría la ruta Madrid-Ferrol se salió de la vía al entrar en una curva a una velocidad excesiva. Murieron 80 personas, en un accidente que marcó la discusión sobre la seguridad ferroviaria española.

Trece años después, las víctimas de aquel siniestro han vuelto a reclamar respuestas. Jesús Domínguez, portavoz de la Plataforma Víctimas Alvia 04155, cuestionó las investigaciones y la depuración de responsabilidades tras Angrois. En declaraciones a Europa Press, defendió la necesidad de examinar las barreras de protección y los análisis de riesgo, más allá de atribuir los accidentes a errores humanos. Sus críticas expresan la posición de la plataforma y no constituyen una conclusión técnica sobre las causas de Urda.

Una historia marcada por grandes tragedias

La memoria ferroviaria española también conserva el accidente de Torre del Bierzo, León, en 1944, cuando un correo expreso que viajaba de Madrid a Galicia chocó contra una locomotora. La dimensión real de aquella tragedia sigue rodeada de incertidumbre: aunque el balance oficial difundido posteriormente fue de 78 fallecidos, las estimaciones históricas sitúan las víctimas en varios centenares, según recoge EFE.

Décadas más tarde, en 1972, una colisión entre un ferrobús y un tren expreso entre El Cuervo y Lebrija dejó 79 muertos. En 2003, el choque frontal de un Talgo y un mercancías en un tramo de vía única de Chinchilla, Albacete, causó otras 19 muertes. Son episodios de épocas y circunstancias distintas, sin que esa sucesión permita atribuirles una causa común.

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