Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

Definir rutas de salida, responsables, contactos y lugares de reunión antes de una emergencia puede evitar decisiones improvisadas. El plan debe adaptarse a riesgos como terremotos, incendios, inundaciones, huracanes o tsunamis y ser conocido por adultos, niños y personas a cargo.

Un plan familiar de emergencia debe responder cuatro preguntas básicas: qué riesgos existen, cómo salir, dónde reunirse y cómo comunicarse si la familia queda separada. El Centro de Operaciones de Emergencias de República Dominicana dispone de una guía específica para elaborar este tipo de planes, mientras que organismos internacionales recomiendan incluir las necesidades de niños, adultos mayores, personas con discapacidad, mascotas y familiares que requieran medicamentos o asistencia especial.

El primer paso es recorrer la vivienda e identificar dos rutas de salida por cada espacio, además de las llaves de paso de gas y agua, el interruptor eléctrico y los objetos que podrían caer durante un sismo. Cada integrante debe tener una función sencilla: un adulto puede encargarse del botiquín, otro de ayudar a los niños y una tercera persona de llevar la mochila de emergencia. También deben anotarse los teléfonos de emergencias, colegios, lugares de trabajo, centros médicos y un contacto que viva fuera de la zona.

La Cruz Roja recomienda elegir dos lugares de reunión: uno inmediatamente fuera de la vivienda, para emergencias localizadas como un incendio, y otro fuera del vecindario, si no es posible regresar a casa. Por ejemplo, el primer punto podría ser la entrada de un parque cercano y el segundo la vivienda de un familiar en otro sector. Deben ser lugares conocidos, fáciles de encontrar y accesibles, y no referencias imprecisas como “cerca del supermercado”. “Elija dos lugares para reunirse”, establece la guía de preparación de la institución. 

No existe un punto seguro para todas las amenazas. Ante un terremoto, después de que termine el movimiento, debe buscarse un espacio abierto alejado de edificios, postes, cables eléctricos, árboles y luminarias. Frente a inundaciones, el lugar escogido debe quedar fuera de cañadas, pasos bajo nivel y zonas que acumulen agua; nunca se debe caminar ni conducir por una corriente. En sectores costeros, una alerta de tsunami obliga a dirigirse hacia terreno elevado o avanzar tierra adentro, sin acercarse a la playa para observar el mar. 

Los estándares promovidos por la Federación Internacional de la Cruz Roja incluyen un punto cercano y otro fuera del sector, rutas de evacuación, un contacto externo, información sobre mascotas y un procedimiento especial para personas con discapacidad. El documento debe guardarse impreso y también en los teléfonos. Si las llamadas no entran por saturación de la red, se recomienda enviar mensajes de texto breves, por ejemplo: “Estamos bien. Vamos al punto dos”. Los niños deben saber quién está autorizado para retirarlos del colegio y qué hacer si sus padres no llegan.

El plan solo funciona si se practica. La familia debe hacer simulacros periódicos, recorrer las rutas y comprobar cuánto tarda en llegar al punto acordado, incluyendo un trayecto alternativo. Si el lugar deja de ser seguro, deben seguirse las instrucciones del COE, Defensa Civil, Policía Nacional o el 9-1-1 y trasladarse al punto secundario. La regla final es sencilla: nadie debe regresar a una edificación, zona inundada o área costera hasta que las autoridades comuniquen que el peligro terminó.

Comenta