El 10 de julio de 2013, un polluelo de siete semanas dejó el nido en Punta Cana. Era hijo de dos gavilanes trasladados desde Los Haitises. Su primer vuelo marcó un hito en la recuperación de una rapaz endémica y abre un recorrido por las aves del Este dominicano.
El primer vuelo llegó después del almuerzo. Uno de los gavilanes adultos llevó comida al nido y, poco después, el polluelo se lanzó. Thomas Hayes, biólogo y coordinador del proyecto, llevaba desde febrero siguiendo a la pareja. «Se veía fuerte y voló como si supiera lo que estaba haciendo», contó en el boletín que The Peregrine Fund publicó tras el vuelo. La declaración original fue en inglés.

El equipo ya conocía bien a ese polluelo. En junio, los biólogos habían subido al nido para examinarlo y tratarlo contra un parásito que puede ser mortal para las crías. Ocho días antes del vuelo le colocaron un anillo de identificación y un radiotransmisor. Su padre había sido liberado en Punta Cana en 2011 y su madre en 2012. Juntos formaron la primera pareja del programa que se reprodujo fuera del refugio que la especie conservaba en Los Haitises.
De Los Haitises a Punta Cana
Cuando The Peregrine Fund empezó a trabajar con el gavilán de La Española (Buteo ridgwayi) en 2002, quedaban menos de 300 individuos conocidos, concentrados en el Parque Nacional Los Haitises. La persecución por parte de personas que veían al ave como una amenaza para sus gallinas había contribuido al declive. Con la población conocida reducida a un solo lugar, un huracán o un brote de enfermedad podía afectar a buena parte de la especie.
Punta Cana formaba parte de su distribución histórica. Los investigadores encontraron allí parches de bosque seco y un área donde podían proteger a las aves liberadas y seguir sus movimientos. Con apoyo de la entonces Fundación Ecológica Puntacana, las liberaciones comenzaron en 2009. El equipo instaló plataformas elevadas, dejó alimento para los jóvenes gavilanes y fue observando cómo se alejaban de ellas a medida que ganaban independencia.
Entre 2009 y 2017 se liberaron 127 gavilanes jóvenes en Punta Cana. Para 2023, The Peregrine Fund reportaba allí 28 parejas y más de 130 crías que habían dejado sus nidos en libertad. Para entonces ya se reproducían aves de segunda y tercera generación. El programa también trabajó con escuelas y comunidades para cambiar la percepción que había contribuido a la persecución de la rapaz. «Nuestra comunidad ha adoptado el gavilán como su hijo», dijo en 2020 a Diario Libre Jake Kheel, entonces vicepresidente de Fundación Grupo Puntacana. Contó que hasta el equipo deportivo de Puntacana International School se llamaba The Hawks.
Un nido encima de otro
El gavilán tiene una costumbre que lo conecta con otra ave del Este. A veces instala su nido sobre el de una cigua palmera (Dulus dominicus). Añade ramas más gruesas encima de la estructura que las ciguas ya ocupan. Debajo sigue funcionando el nido comunitario del ave nacional dominicana. Arriba, la rapaz cría a sus polluelos.

La cigua también figura en el inventario del Parque Nacional Cotubanamá, donde el recorrido pasa de las palmas a los troncos que explora el carpintero de La Española (Melanerpes striatus). Más pequeño y fácil de pasar por alto está el barrancolí (Todus subulatus), verde, de garganta roja y pico aplanado. En el mismo parque están registradas la cotorra (Amazona ventralis) y el perico de La Española (Psittacara chloropterus). La cola larga y puntiaguda del perico ayuda a distinguirlo de la cotorra, de silueta más robusta. El Ministerio de Medio Ambiente incluye a ambas entre las aves amenazadas del país.
Una mañana de 2016, durante un recorrido con la prensa local, por Punta Cana, el biólogo Thomas Hayes se internó por un camino enlodado para revisar uno de los nidos más apartados. Recogió una fibra vegetal del suelo y sopló para imitar el llamado del gavilán. Había aprendido la técnica de niño. En el trayecto, según relató el diario, también se detenía a preguntar a quienes encontraba si conocían a los gavilanes de la zona.
El trabajo de campo seguía un calendario. Durante la temporada de reproducción, los investigadores intentaban localizar de nuevo a las aves liberadas. Una vez que las parejas establecían sus territorios, el equipo visitaba semanalmente los nidos ocupados para seguir el desarrollo de los polluelos. A los jóvenes les colocaban anillos de colores con códigos individuales, de modo que pudieran reconocerlos cuando volvieran a verlos fuera del nido.
El traslado también exigía cuidar lo que ocurría en Los Haitises. Entre 2009 y 2013, y nuevamente en 2016, los investigadores retiraron un solo polluelo de nidadas de dos o tres crías. Los adultos seguían criando a las demás. Así lo documentó el equipo en un estudio publicado en 2017 en la revista científica The Condor.
Ese estudio siguió el traslado de 104 gavilanes y comparó su desempeño con el de aves criadas en libertad en Los Haitises. El análisis no detectó una diferencia clara en la supervivencia entre los grupos. Sí estimó que los jóvenes de Punta Cana tenían 2,3 veces la probabilidad de incorporarse a la población reproductora que los jóvenes seguidos en Los Haitises. Para los investigadores, la pregunta iba más allá de cuántas aves sobrevivían al traslado. También importaba cuántas llegaban a formar pareja y criar.
En 2014, un año después de aquel primer vuelo, ya había dos parejas reproductoras en Punta Cana, según el recuento de BirdLife International. Para 2019 se habían registrado 19 parejas con territorio. Ese mismo año, el programa empezó a liberar gavilanes en el Parque Nacional Aniana Vargas, en el centro del país, para establecer otra población fuera de Los Haitises.
La lista de Cotubanamá reúne también al pájaro bobo, conocido como cuco lagartero (Coccyzus longirostris), y al zumbador esmeralda (Riccordia swainsonii). Allí figuran dos cuervos que suelen confundirse por el nombre: el cao o cuervo palmero (Corvus palmarum) y el cuervo de cuello blanco (Corvus leucognaphalus). Hacia el noreste, en Los Haitises, hay registros ocasionales del trogón de La Española (Priotelus roseigaster), un ave de vientre rojo asociada principalmente con bosques húmedos de montaña.
El polluelo que Hayes vio saltar en 2013 llevaba un transmisor para que el equipo pudiera seguirlo una vez que saliera del nido. Diez años después, el registro de Punta Cana incluía gavilanes nacidos allí que ya criaban a sus propios polluelos. La población que comenzó con aves trasladadas desde Los Haitises tenía entonces varias generaciones nacidas en libertad en el Este.










