El Centro de Operaciones de Emergencias recomienda disponer de artículos para subsistir al menos durante 72 horas. Sin embargo, las condiciones de República Dominicana —un territorio insular expuesto a huracanes, inundaciones, terremotos, tsunamis y cortes prolongados— justifican mantener además una reserva doméstica para dos semanas y medicamentos esenciales para un periodo mayor.
Una mochila de emergencia no es una maleta para abandonar definitivamente la vivienda ni un depósito de objetos elegidos al azar. Es un equipo portátil que debe permitir a cada integrante de la familia evacuar, comunicarse, hidratarse, alimentarse y continuar sus tratamientos durante las primeras 72 horas de una crisis. Debe permanecer en un lugar accesible, ser conocida por todos y pesar lo suficiente para que la persona asignada pueda cargarla. Prepararla en familia permite identificar necesidades que suelen pasar inadvertidas hasta que la electricidad, el agua, las carreteras o las comunicaciones dejan de funcionar.
El COE dominicano establece como referencia mínima una mochila con artículos para tres días, criterio que coincide con la Cruz Roja para los equipos de evacuación. La preparación completa, sin embargo, debe dividirse en dos niveles: una mochila transportable para 72 horas y una reserva en el hogar para 14 días cuando la vivienda permanezca segura. Esta diferencia es importante porque almacenar tres días de agua para toda una familia puede hacer que una sola mochila resulte imposible de transportar. La reserva doméstica debe ser más amplia, mientras cada adulto capaz puede cargar una mochila individual o compartir los artículos comunes.
El agua ocupa el primer lugar. La referencia internacional es aproximadamente 3.8 litros por persona y por día para beber y cubrir necesidades básicas, aunque la cantidad puede aumentar por el calor, el embarazo, la lactancia, determinadas enfermedades o el esfuerzo físico. La mochila debe incluir botellas manejables, mientras el hogar conserva el volumen mayor en recipientes seguros. También conviene incorporar un filtro portátil o tabletas potabilizadoras, utilizadas estrictamente según sus instrucciones. En República Dominicana, un huracán o una inundación puede afectar acueductos, contaminar pozos y bloquear el traslado de agua entre comunidades, incluso cuando la vivienda no haya sufrido daños.

Los alimentos deben ser no perecederos, compactos, conocidos por la familia y fáciles de consumir sin electricidad ni refrigeración. Galletas, barras energéticas, conservas, frutas deshidratadas, leche de larga duración y productos adecuados para niños son opciones posibles. Si se incluyen latas, el abrelatas manual es indispensable y suele ser uno de los objetos olvidados. La provisión debe considerar alergias, diabetes, restricciones de sodio, dificultades para masticar, fórmula infantil y alimentación de mascotas. Cada seis meses deben revisarse fechas de vencimiento, envases y cambios en las necesidades familiares.
El botiquín debe contener gasas, vendas, curitas, cinta médica, antiséptico, guantes, tijeras de punta roma, termómetro y los productos básicos que la familia sepa utilizar. Los medicamentos recetados no deben sustituirse ni incorporarse sin orientación profesional. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades recomiendan conservar al menos una semana de los tratamientos habituales, mientras para embarazadas, niños con necesidades médicas especiales y personas que dependen de insulina, anticonvulsivos, oxígeno u otros tratamientos se aconseja planificar hasta dos semanas o más con el médico. Cada medicamento debe mantenerse en su envase original, acompañado por una lista con diagnóstico, dosis, frecuencia, alergias, médico, farmacia y contacto de emergencia. Si requiere frío, la familia necesita una nevera portátil y acumuladores químicos, además de saber cuánto tiempo puede permanecer fuera de su temperatura indicada.
La comunicación debe funcionar incluso cuando el teléfono móvil no tenga señal. La mochila necesita una radio de pilas o manivela, linterna, baterías, cargadores, cables y una batería externa cargada. También debe contener una tarjeta impermeabilizada con teléfonos de familiares, 9-1-1, Defensa Civil, COE, centro médico, escuela y un contacto situado fuera de la zona afectada. El plan debe indicar quién buscará a los niños, dónde se reunirá la familia y qué persona recibirá los mensajes si las llamadas locales no entran. Durante una emergencia, los mensajes de texto suelen consumir menos red y batería que las llamadas prolongadas.
La documentación debe guardarse en un sobre impermeable: copias de cédulas, pasaportes, actas de nacimiento, seguros, recetas, tarjetas médicas, documentos migratorios, información bancaria, certificados de vacunación y papeles de propiedad o alquiler. También se recomienda conservar copias digitales protegidas, una fotografía reciente de cada integrante y de las mascotas, llaves adicionales, un mapa impreso, lápiz, libreta y dinero en efectivo en billetes pequeños, porque los cajeros automáticos y sistemas de pago pueden quedar fuera de servicio. Los originales deben permanecer protegidos y no concentrarse todos en un lugar vulnerable.
La accesibilidad no puede agregarse al final del plan: debe diseñarse desde el comienzo. Personas con discapacidad visual, auditiva, intelectual o motora pueden necesitar bastón, audífonos y baterías, lentes, dispositivos de comunicación, pictogramas, cargadores para equipos adaptados, información en letra grande o una persona de apoyo previamente identificada. Vigen Shirvanyan, especialista de UNICEF en cambio climático, sostuvo que “debemos establecer sistemas de alerta temprana accesibles para todos, crear refugios comunitarios sin barreras y definir planes de preparación que tengan en cuenta todas las necesidades”. Las rutas deben practicarse considerando escaleras, terrenos inundados y la posibilidad de que un ascensor no funcione.
Entre los elementos críticos también figuran silbato, mascarillas para polvo, gel de manos, jabón, papel higiénico, toallas húmedas, bolsas resistentes, productos menstruales, protector solar, repelente, muda de ropa, impermeable, manta liviana, guantes de trabajo y zapatos cerrados. Para bebés se requieren pañales, fórmula, biberones y elementos de higiene. Las mascotas necesitan transportadora o correa, alimento, agua, medicamentos y registros veterinarios. No deben incorporarse herramientas pesadas o productos peligrosos que hagan la mochila difícil de cargar; algunos suministros pueden permanecer en un contenedor doméstico separado.
La condición insular de República Dominicana obliga a considerar emergencias simultáneas: un ciclón puede interrumpir puertos, aeropuertos y carreteras; una inundación puede aislar comunidades; un terremoto puede afectar hospitales, redes de agua y edificios; y una alerta de tsunami puede exigir abandonar rápidamente la costa. También deben contemplarse apagones prolongados, escasez temporal de combustible, caída de internet y retrasos en la distribución de alimentos o medicamentos. Por eso, además de la mochila, cada familia necesita conocer el albergue más cercano, una ruta principal y otra alternativa, y decidir con anticipación si debe evacuar o permanecer resguardada.
La mochila debe revisarse cada seis meses y antes de la temporada ciclónica, comprobando alimentos, medicamentos, baterías, ropa infantil, documentos y teléfonos. Los integrantes deben saber dónde está, quién la cargará y qué artículos se tomarán si existe tiempo adicional. La preparación recomendada queda así: 72 horas en una mochila de evacuación, 14 días de agua y alimentos en el hogar y entre 7 y 30 días de medicamentos, según el tratamiento y la autorización médica. Una mochila completa ayuda, pero solo funciona cuando forma parte de un plan familiar conocido, accesible y practicado.

