La sucesión de terremotos destructivos ocurridos durante 2026 ha aumentado la percepción de que el planeta atraviesa un periodo excepcional. Sin embargo, los registros disponibles todavía no permiten situar este año entre los de mayor actividad sísmica: el periodo no ha terminado y cualquier comparación debe utilizar el mismo rango de magnitudes.
Los terremotos ocurridos en distintos puntos del planeta durante 2026 han mantenido la actividad sísmica en el centro de la atención internacional. La cercanía temporal entre varios eventos, las réplicas y la difusión inmediata de imágenes y alertas pueden hacer que parezcan parte de un incremento global. Para determinar si realmente existen “más terremotos”, no obstante, es necesario separar los movimientos pequeños de los eventos de magnitud 5 o superior y comparar años completos bajo un criterio uniforme.
El Servicio Geológico de Estados Unidos, USGS, señala que su Centro Nacional de Información de Terremotos localiza cerca de 20,000 movimientos sísmicos al año, equivalentes a unos 55 diarios. La institución estima que en el planeta ocurren aproximadamente 500,000 temblores detectables cada año, aunque solo alrededor de 100,000 son percibidos por la población y cerca de un centenar provoca daños. La mayoría de esos movimientos son pequeños y forman parte del comportamiento normal de las placas tectónicas. USGS
Los años con más terremotos de magnitud 5 o superior
La siguiente clasificación fue calculada sumando los registros mundiales de las categorías 5–5.9, 6–6.9, 7–7.9 y 8 o más publicadas por el USGS para el periodo 1990–2021:

El año 2011 encabeza la serie comparable, con 2,276 terremotos de magnitud 5–5.9, 185 entre 6 y 6.9, 19 entre 7 y 7.9 y uno de magnitud 8 o superior. Ese último evento fue el terremoto de magnitud 9.1 ocurrido frente a Japón, que provocó el tsunami de Tōhoku. La elevada cifra anual también incorporó secuencias de réplicas, un factor que puede aumentar considerablemente el total registrado durante un mismo periodo.
El segundo lugar corresponde a 2010, cuando se contabilizaron 2,383 movimientos de magnitud 5 o superior. Ese año se produjeron 23 terremotos entre magnitud 7 y 7.9, la cifra más elevada de esa categoría dentro de la serie 2000–2021. Entre los episodios más graves estuvieron el terremoto de Haití, de magnitud 7, y el sismo de magnitud 8.8 registrado frente a la costa de Chile.
La cantidad de terremotos tampoco determina por sí sola el nivel de destrucción. La profundidad del foco, la cercanía a zonas pobladas, la calidad de las construcciones, el tipo de suelo y la posibilidad de deslizamientos o tsunamis influyen directamente en las consecuencias. Un año con menos terremotos puede resultar mucho más mortal si uno de ellos ocurre cerca de una ciudad vulnerable, mientras decenas de eventos fuertes pueden pasar prácticamente inadvertidos cuando se producen a gran profundidad o lejos de áreas habitadas.
El USGS explica que los registros de largo plazo permiten esperar aproximadamente 16 grandes terremotos por año: unos 15 de magnitud 7 y uno de magnitud 8 o superior. Algunos años superan esa media y otros quedan por debajo, sin que esto demuestre automáticamente una alteración sostenida de la actividad sísmica mundial. La institución también advierte que las mejoras en las redes de monitoreo y las comunicaciones permiten detectar y divulgar movimientos que antes podían no quedar registrados.
Por ahora, 2026 no puede ser clasificado responsablemente como uno de los años con más terremotos de la historia. El recuento permanece abierto, los datos pueden ser revisados y todavía debe completarse el año antes de compararlo con registros anuales consolidados. Lo que sí puede afirmarse es que la cobertura internacional, las notificaciones móviles y la rápida circulación de videos hacen que cada evento sea conocido casi inmediatamente, reforzando la sensación de que los terremotos están ocurriendo con mayor frecuencia.
La mayor parte de la actividad se concentra en el Cinturón de Fuego del Pacífico, donde ocurre cerca del 90 % de los terremotos del planeta. República Dominicana, aunque se encuentra fuera de ese cinturón, también está situada en una región activa por la interacción entre las placas del Caribe y Norteamérica. La comparación histórica no debe utilizarse para reducir el riesgo local: un solo terremoto cercano puede producir consecuencias graves aunque el total mundial del año se mantenga dentro de los niveles habituales.

