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La comunidad venezolana residente en la provincia de La Altagracia vive horas de profunda preocupación tras el terremoto que golpeó el norte de Venezuela. Mientras intentaban comunicarse con sus familias, la incertidumbre y la angustia marcaron las primeras horas posteriores al movimiento telúrico. Hoy, con el paso de las horas, el sentimiento es compartido: solidaridad, esperanza y un llamado a no olvidar a un país que enfrenta una nueva tragedia en medio de una compleja realidad social y económica.

La tragedia volvió a sacudir a Venezuela. Un terremoto de gran magnitud, registrado frente a la costa norte del país, dejó un saldo preliminar de víctimas, personas desaparecidas y cuantiosos daños materiales, especialmente en sectores de los estados Sucre, Miranda, Anzoátegui, Distrito Capital y La Guaira, donde numerosas edificaciones sufrieron afectaciones y miles de personas debieron abandonar sus hogares por temor a nuevos colapsos.

El movimiento telúrico, de magnitud superior a 7 grados, fue percibido en gran parte del territorio venezolano y también en varios países del Caribe. Durante las horas posteriores se registraron numerosas réplicas, mientras los organismos de emergencia continuaban evaluando daños y coordinando labores de rescate.

A más de 900 kilómetros del epicentro, en La Altagracia, República Dominicana, la comunidad venezolana siguió minuto a minuto la evolución de la emergencia. Para muchos, el momento más difícil no fue únicamente conocer la noticia, sino enfrentar el largo silencio provocado por la caída de las comunicaciones.

"Las primeras horas fueron desesperantes. Intentábamos llamar una y otra vez y nadie respondía. No sabíamos si era porque estaban bien o porque simplemente no había señal. Esa incertidumbre fue lo más duro de todo", relata Yeison Vargas un venezolano oriundo de Caracas, residente desde hace algunos años en Bávaro.

El mismo sentimiento se repitió entre decenas de familias que mantienen vínculos permanentes con Venezuela.

"Cuando uno vive fuera de su país, cualquier noticia así se siente doble. Estás lejos, no puedes ayudar y solamente esperas que alguien conteste el teléfono. Fueron horas de mucha angustia", comenta Yajaira Altamira una venezolana proveniente del estado Carabobo, quien asegura que recién durante la madrugada pudo confirmar que todos sus familiares estaban con vida.

Aunque su familia no sufrió pérdidas humanas, reconoce que varios amigos sí enfrentan un escenario mucho más complejo.

"Gracias a Dios mis padres y mis hermanos están bien, pero tengo amigos que lo perdieron todo. Algunos quedaron sin casa y otros perdieron familiares. Uno siente una mezcla de alivio por los tuyos y un dolor enorme por quienes hoy están viviendo una tragedia", señala. "Venezuela ya venía golpeada desde hace muchos años. Muchas familias apenas estaban saliendo adelante y ahora ocurre esto. Será muy difícil volver a levantarse. Hay zonas donde ya existían enormes carencias y un desastre natural termina agravando todo mucho más."

Coincide otra compatriota residente en Punta Cana, quien sostiene que la emergencia pone nuevamente a prueba la capacidad de respuesta de un país que enfrenta importantes dificultades estructurales.

"La gente hace todo lo que puede, pero sabemos que los recursos son limitados. Cuando ocurre una emergencia de esta magnitud, responder se vuelve mucho más complejo. Hoy lo que más necesita Venezuela es unidad, ayuda y mucha solidaridad", dice Ludmila Aceitón.

Más allá de las pérdidas materiales, el golpe emocional ha sido profundo para quienes mantienen a sus seres queridos en las zonas afectadas.

"Uno nunca deja de ser venezolano. Aunque llevemos años viviendo en República Dominicana, nuestras familias siguen allá. Hoy todos estamos pendientes del teléfono, de las noticias y de cualquier mensaje que confirme que nuestros seres queridos siguen con vida", afirma.

Mientras continúan las labores de rescate y remoción de escombros, las autoridades mantienen la evaluación de edificios dañados, infraestructura vial y servicios básicos afectados por el terremoto. Equipos de emergencia permanecen desplegados en distintas ciudades atendiendo a los damnificados y verificando las condiciones de seguridad ante las réplicas que continúan registrándose.

Desde La Altagracia, la comunidad venezolana ha comenzado a organizar cadenas de oración y apoyo entre familiares y amigos.

"No podemos hacer mucho desde aquí, pero sí podemos acompañar con nuestras oraciones, con ayuda cuando sea posible y estando presentes para quienes hoy están sufriendo. Venezuela necesita sentirse acompañada", dice Liseth Rodríguez.

El terremoto vuelve a recordar la vulnerabilidad sísmica del norte de Sudamérica y del Caribe, una región donde la interacción entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana genera una intensa actividad tectónica. Sin embargo, para quienes hoy viven la tragedia, la prioridad está lejos de las explicaciones científicas.

La principal preocupación sigue siendo la misma: encontrar con vida a quienes permanecen desaparecidos, asistir a las familias afectadas y comenzar, una vez más, el difícil camino de la reconstrucción de un país que enfrenta una nueva prueba en su historia reciente.

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