En Punta Cana, donde el desarrollo turístico ha marcado durante décadas el pulso del crecimiento, comenzó a abrirse con más fuerza otra dimensión del destino: la de la cultura como parte esencial de su identidad.
La llegada de la exposición “El Prado en las Calles” al Centro Cultural Rainieri no solo activó un nuevo espacio de encuentro en la región Este, sino que dejó al descubierto la carga simbólica de una obra largamente anhelada por la familia Rainieri y por quienes han impulsado la consolidación de una vida cultural más robusta en La Altagracia. La muestra permanecerá abierta por tres meses y reúne 77 reproducciones fotográficas de obras maestras, en un recorrido que abarca desde el siglo XII hasta inicios del siglo XX.
La escena de apertura tuvo algo de ceremonia y algo de reparación histórica. Antes incluso de la inauguración formal del edificio, el primer gran gesto fue sacar el arte al encuentro de la gente. “Hoy es el primer evento, pero es fuera de la edificación. Vendrán otros eventos”, dijo Frank Rainieri, en una intervención atravesada por el asombro y la gratitud, mientras observaba cómo el público comenzaba a llenar el lugar desde temprano. En su mirada, la jornada confirmó algo que va más allá de la infraestructura: “Eso qué te quiere decir, que la gente está ávida de cultura… están todos los sectores sociales aquí… porque los dominicanos estamos ávidos de poder apreciar y disfrutar del arte, de la cultura”.

No fue una declaración protocolar. Fue, más bien, la verbalización de una emoción contenida durante años. Según la información aportada sobre el acto, lo que parecía ser una bienvenida derivó en un discurso emotivo en el que Rainieri evocó el origen remoto de esta aspiración, cuando aquello era apenas “la casa de la cultura” que soñaban levantar en La Altagracia. Bajo ese contexto, el Centro Cultural Rainieri aparece como la materialización de una idea incubada con paciencia: un espacio concebido no solo para albergar exposiciones, sino para insertarse en la vida de la comunidad y ampliar el horizonte cultural de una zona que hasta ahora no contaba con una plataforma de esta envergadura.
La relevancia del momento también estuvo en los asistentes. La presencia de figuras vinculadas al ecosistema cultural dominicano, entre ellas María Amalia León, de la Fundación Eduardo León Jimenes y del Centro León, y Manuel Pozo Perelló, del Centro Perelló, reforzó la idea de que el nacimiento de este espacio no ocurre en aislamiento, sino como parte de una voluntad compartida por distintas familias e instituciones que han decidido apostar por la cultura como bien público. Rainieri valoró precisamente ese gesto, al entenderlo como una señal de que en República Dominicana existen actores dispuestos a sostener procesos culturales duraderos en sus comunidades.

En esa misma línea, el arribo de “El Prado en las Calles” le dio al acto una dimensión mayor. La exposición forma parte de una alianza entre el Museo del Prado, el Centro León y la Fundación Amigos del Museo del Prado, y regresa al país quince años después de su primera edición. El proyecto, además de su valor artístico, contiene un fuerte sentido democratizador: llevar grandes obras al espacio público, fuera del museo tradicional, para que la belleza y el conocimiento circulen sin barreras. Esa lógica dialoga con lo que Rainieri expresó en la entrevista cuando insistió en que allí “no hay élite”, sino un espacio abierto a todos.
El fundador de Grupo Puntacana habló desde una emoción íntima, pero también desde una trayectoria marcada por la construcción. Al preguntársele cómo comparaba esta sensación con otros hitos de su historia, respondió con una imagen familiar: “Eso es como los hijos. Ser el primero, o el tercero, o el quinto, todos te llenan de una forma diferente”. La frase resume bien el lugar que ocupa hoy el Centro Cultural Rainieri dentro de esa secuencia de obras que han acompañado la transformación de Punta Cana. No se trata de una pieza menor ni ornamental, sino de una apuesta que amplía la noción misma de destino: un territorio que no solo recibe turistas o concentra inversión, sino que comienza a ofrecer también un punto de encuentro para la memoria, la formación estética y la convivencia social.
En el cierre de la conversación, Rainieri dejó el mensaje más directo y, a la vez, más revelador sobre el espíritu del proyecto: “Que vengan, que esto es de todos, para que lo disfruten todos. Vengan con sus hijos, vengan con sus nietos. Es cultura, es lo que no teníamos en la zona, y ya vamos a comenzar a tenerlo poco a poco”. En esa idea se condensa el corazón de la jornada: no solo la apertura de una muestra, ni la antesala de un edificio, sino el inicio de una nueva etapa para Punta Cana, una en la que la cultura aspira a ocupar, por fin, un lugar visible y compartido.
A continuación, la entrevista íntegra a Frank Rainieri:

